El continuo de conciencia como camino de reconexión interior
A veces lo que más angustia no es lo que sentimos…
…sino el impulso constante de tener que entenderlo, explicarlo, cambiarlo.
Tal vez te pasa: estás mal, y en vez de permitirte sentir, te preguntas una y otra vez “¿por qué estoy así?”.
En esos momentos, algo dentro de ti se desconecta. Dejas de habitar lo que vives.
Desde la terapia Gestalt, hay una práctica muy sencilla —pero profunda— que puede ayudarte a volver: el continuo de conciencia.
¿Qué es el continuo de conciencia?
Es una forma de estar contigo sin juicio.
Es observar lo que estás sintiendo, pensando o haciendo… en este momento.
Sin interpretarlo. Sin tener que analizarlo.
Solo darte cuenta. Solo estar.
Suena fácil. Pero no lo es, especialmente cuando has aprendido a adaptarte, a callarte, a controlarlo todo.
¿Cómo nos desconectamos?
Muchas personas que acompaño viven en una especie de tensión constante.
Se exigen entender, estar bien, no molestar, no fallar.
Y en ese intento por “funcionar”, dejan de sentir.
El continuo de conciencia nos devuelve eso:
La capacidad de volver al presente. Al cuerpo. A la emoción real.
No para resolver nada, sino para estar contigo sin huir.
¿Cómo empezar a practicarlo?
- Observa tu respiración sin modificarla. Solo nota cómo entra y sale el aire.
- Hazte esta pregunta suave: “¿Qué estoy sintiendo ahora, de verdad?”
- Pon atención a lo corporal: ¿Dónde se tensa? ¿Dónde hay calor o frío?
- Deja que surja una emoción sin querer arreglarla. Solo dátela.
- Escúchate como escucharías a alguien que quieres.
¿Para quién es esta práctica?
Si vives con ansiedad, con miedo al juicio o al conflicto…
Si te exiges demasiado o te adaptas tanto que te olvidas de ti…
El continuo de conciencia no es la solución.
Pero puede ser el primer paso para volver a ti.
Si te reconoces en esto…
…y quieres aprender a escucharte desde otro lugar, sin exigencias ni juicio:
Aquí estoy. Podemos hablarlo sin compromiso.

Deja un comentario