¿Y si posponer también fuera una forma de protegerte?
Tal vez te pasa…
Tienes algo pendiente. Lo sabes.
Pero pasan los días, y no lo haces.
Y no es que no te importe.
No es desinterés.
No es vagancia.
Es otra cosa.
Es ese nudo raro en el estómago.
Esa mezcla de ansiedad, presión y miedo.
A no hacerlo bien. A no estar a la altura. A equivocarte.
En terapia, muchas veces lo vemos claro:
posponer es una forma de protegerte.
Una defensa silenciosa que aprendiste sin darte cuenta.
Un freno que aparece cuando lo que viene… te desborda.
¿Por qué procrastinamos?
Hay muchas razones, pero aquí van algunas que escucho a menudo en consulta:
- Miedo al fracaso: “Y si lo hago… ¿y no sale bien?”
- Perfeccionismo: “Hasta que no esté perfecto, no lo entrego.”
- Falta de claridad: “No sé ni por dónde empezar…”
- Autoexigencia: “Tengo que hacerlo todo bien, a la primera.”
- Evitar el conflicto interno: “Si no empiezo, no tengo que enfrentar lo que me genera.”
Y todas ellas tienen algo en común:
nos desconectan del presente.
Nos alejan de lo que sentimos.
Y nos encierran en la mente.
¿Cómo lo trabajamos desde la Gestalt?
En la terapia Gestalt, no forzamos.
No imponemos metas.
No usamos agendas.
Lo que hacemos es ir al fondo:
- 🌿 ¿Qué estás sintiendo ahora mismo cuando piensas en eso que no haces?
- 🌿 ¿Qué parte de ti se está protegiendo?
- 🌿 ¿Qué necesitaría esa parte para poder dar un paso?
Y poco a poco…
Esa parálisis empieza a transformarse en algo más habitable.
Más humano. Más posible.
No se trata de hacer más.
Se trata de entenderte mejor.
Porque cuando te escuchas…
Cuando comprendes para qué pospones, en vez de juzgarte por hacerlo…
Algo se afloja.
Y en ese espacio, tal vez,
puedas empezar a hacer las cosas no desde la obligación,
sino desde el contacto real contigo.
Si te reconoces en esto…
…y quieres dejar de luchar contra ti mismo cada vez que postergas algo importante,
pero desde un lugar amable y terapéutico…
Aquí estoy.
Podemos hablarlo sin compromiso.

Deja un comentario