Habitarte con amabilidad
Si mides tu valor por lo impecable que sale todo, no estás solo/a. La autoexigencia suele nacer de una intención buena: protegerte del error y del rechazo. El problema es que, a la larga, se convierte en ansiedad, culpa y cansancio. Desde la Terapia Gestalt lo miramos sin juicio y con respeto: fue un ajuste creativo que un día te cuidó y hoy quizá te aprieta demasiado. Si este tema te toca por cómo vives la ansiedad en las relaciones, puede ayudarte revisar estos pasos prácticos.
¿Qué es la autoexigencia (mirada Gestalt)?
Es la tendencia a ponerte el listón siempre más alto: corregir, revisar, posponer el descanso, compararte. En Gestalt hablamos de introyectos (mandatos tragados tal cual: “hay que hacerlo perfecto”) y de un crítico interno que intenta mantenerte a salvo. No es una debilidad ni un capricho: es un modo aprendido de pertenecer y de evitar el fallo.
Cómo se nota en el día a día
- Nudo en el pecho cuando algo no sale “como debería”.
- Rumiación: repasas una y otra vez lo que “tendrías que haber hecho mejor”.
- Descanso aplazado: te cuesta parar aunque estés agotado/a.
- Dificultad para celebrar logros: minimizas lo que hiciste bien.
- Límites difusos: dices que sí a todo por miedo a decepcionar.
Por qué lo haces (y por qué tiene sentido)
Porque en algún momento funcionó: te ayudó a evitar broncas, a sentirte validado/a o a no perder a alguien importante. El cuerpo aprendió “peligro = fallar” y activa tensión y control. La buena noticia: ese aprendizaje se puede actualizar con práctica y apoyo.
Pasos prácticos para empezar a salir del patrón
- Pausa corporal (20–30 s): siente los pies y la mandíbula; suelta el aire lentamente. Nombra: “Ahora hay tensión y ganas de forzar”.
- Suficiente por hoy: detente cuando esté correcto, no perfecto. Di en voz baja: “Hasta aquí por hoy”. Observa la emoción.
- 1% de diferencia: entrega la versión buena a tiempo en lugar de la “ideal” tarde.
- Criterio amable: antes de aceptar algo, pregunta: “¿Qué necesito para cuidarme y cumplir?”. Aquí puedes profundizar en poner límites sin culpa.
- Agenda el descanso: bloquea 10–15 minutos reales tras tareas exigentes.
Cómo hablarte sin atacarte (micro-guiones)
- “Hoy hice lo suficiente. Mañana sigo.”
- “Me equivoqué y sigo siendo valioso/a.”
- “Puedo aprender sin castigarme.”
- “Necesito parar ahora; retomo a las 17:00.”
- “Pido ayuda para esta parte; no tengo que poder con todo.”
¿Cómo lo trabajamos en sesión Gestalt?
- Aquí-y-ahora: observamos cómo te hablas, cómo respiras y qué hace tu cuerpo cuando aparece la presión.
- Experimentos seguros: ensayamos poner un “basta por hoy”, pedir claridad o entregar “bien” sin sobrepasarte.
- Actualizar introyectos: cuestionamos mandatos antiguos y elegimos los que hoy te sostienen.
- Autoapoyo y celebración: entrenamos un tono interno más habitable y registramos logros reales.
Cuándo pedir ayuda
Si te quedas bloqueado/a, si la rumiación no te deja descansar o si sientes que nunca llegas, puede ayudarte un acompañamiento presencial u online. Podemos mirar juntos de dónde viene esta exigencia y cómo convertirla en cuidado real. Si además tiendes a evitar conversaciones difíciles, quizá te ayude este artículo: Evitar el conflicto.
Si te reconoces en esto y quieres hablarlo… aquí estoy.
Terapia Gestalt para ansiedad en las relaciones, miedo al conflicto o al rechazo.
Online o presencial (Barcelona y Santa Coloma).

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