Cuando decir lo que te pasa se hace una montaña
¿Te pasa que tragas y tragas… hasta que un día explotas por un detalle mínimo? ¿O que evitas hablar de ciertos temas para “no liar más las cosas”, aunque por dentro el tema siga doliendo?
Entre callar y estallar hay algo que casi nunca nos enseñan: hablar lo difícil de una forma que no destruya el vínculo ni te destruya por dentro.
Desde la Terapia Gestalt, miramos estas dificultades de comunicación como parte de la ansiedad en las relaciones: intentos de protegerte del conflicto o del rechazo, que un día tuvieron sentido y hoy quizá te dejan lejos de ti.
Breve caso: Marta y las discusiones que nunca llegan
Marta lleva meses sintiendo que su pareja no tiene en cuenta sus planes. Cuando propone algo, él suele responder: “Ya veremos”. Ella lo deja pasar, intenta adaptarse y repetirse que “no es para tanto”.
Por dentro, sin embargo, nota un nudo en el estómago y empieza a rumiar: “Siempre es lo suyo”, “nunca se interesa por lo que quiero yo”. No dice nada. Acumula.
Hasta que un día, por algo tan pequeño como llegar 10 minutos tarde, explota: reproches, ironías, llanto. Después se siente culpable y piensa: “He exagerado, mejor la próxima me callo”.
En sesión, Marta se da cuenta de que necesita algo intermedio entre callar y estallar: preparar la conversación, ponerle nombre a lo que le pasa y elegir un momento concreto para hablarlo.
¿Qué significa “hablar lo difícil” desde la terapia Gestalt?
No se trata de decirlo todo sin filtro, ni de tragarte lo que te pasa para “no ser un problema”. Hablar lo difícil, desde la mirada Gestalt, tiene más que ver con:
- Reconocer qué te pasa a ti (cuerpo, emoción, pensamientos).
- Elegir un momento y un tono que cuiden también al otro.
- Decir lo importante sin atacar, sin justificarte en exceso y sin borrarte.
Es un punto medio entre la confluencia (fundirte con el otro y desaparecer) y la descarga impulsiva. Si te resuena, puede ayudarte también el artículo ¿Evitas el conflicto?.
Señales de que estás evitando conversaciones importantes
- Repasas mentalmente discusiones imaginarias, pero casi nunca las tienes en voz alta.
- Dices “no pasa nada” cuando por dentro sabes que sí pasa.
- Te descubres justificando al otro continuamente para no “montar un drama”.
- Te vas alejando en silencio: menos mensajes, menos ganas de ver a esa persona.
- Cuando por fin hablas, ya estás tan cargado/a que sales en forma de reproche o explosión.
Por qué cuesta tanto hablar lo que te duele
No es solo “falta de habilidades sociales”. Muchas veces tiene que ver con la historia que llevas dentro:
- Quizá aprendiste que el conflicto era peligroso: gritos, reproches, puertas que se cerraban.
- Tal vez se premiaba que fueras “bueno/a”, complaciente, que no dieras problemas.
- O quizá, cuando de niño/a expresabas algo que dolía, te encontrabas con “no es para tanto” o “no llores”.
Desde ahí, es lógico que hoy tu cuerpo asocie “decir lo que me pasa” con riesgo de pérdida, de enfado o de rechazo. Callar fue un ajuste creativo: una forma de proteger el vínculo… aunque ahora te pase factura.
5 pasos para preparar una conversación difícil
No hay fórmulas mágicas, pero sí pasos que pueden hacer el camino más llevadero:
1. Pausa corporal antes de hablar
Antes de escribir o lanzar el tema, detente unos segundos. Nota tus pies, la postura, la respiración. Pregúntate: “¿Desde dónde quiero hablar: desde el ataque, desde el miedo o desde el cuidado?”.
2. Aclara qué quieres de la conversación
No es lo mismo hablar para desahogarte que para buscar un acuerdo. Puedes preguntarte: “¿Quiero sentirme escuchado/a? ¿Quiero pedir algo concreto? ¿Quiero entender qué le pasa al otro?”.
3. Elige un momento y un marco
A veces intentamos hablar justo en el pico de la discusión o por WhatsApp a las 23:30. Puedes probar algo como: “Hay algo que me gustaría comentar contigo, ¿te va bien que lo hablemos esta tarde con calma?”.
4. Habla de ti, no del defecto del otro
Cambiar el “tú siempre / tú nunca” por el “yo siento / yo necesito” marca la diferencia. Por ejemplo:
- En lugar de: “Es que pasas de mí” → “Cuando se cancela el plan a última hora, me siento que no me tienes en cuenta y me duele”.
- En lugar de: “Eres un/a egoísta” → “A veces tengo la sensación de que mis necesidades quedan en segundo plano, y me gustaría ver cómo lo hacemos”.
5. Cierra la conversación, aunque quede algo abierto
No siempre se llega a un acuerdo perfecto. Pero sí puedes cerrar diciendo algo como: “Gracias por escucharlo, necesito digerirlo un poco y, si te parece, lo retomamos si vuelve a salir”. Eso ayuda a tu sistema nervioso a salir del bucle.
Frases que pueden ayudarte a empezar
A veces lo más difícil es romper el hielo. Aquí van algunas frases “puente”:
- “Hay algo que me gustaría contarte, y me da un poco de miedo que lo tomes a mal. ¿Te va bien si lo hablamos ahora?”
- “No busco culpables, pero necesito explicarte cómo me estoy sintiendo con esto.”
- “Cuando pasa [X], por dentro me siento [así]. Me ayudaría ver si podemos hacer algo distinto.”
- “Si en algún momento se nos calienta el tono, ¿te parece que paremos un momento y lo retomemos más tranquilos?”
Errores frecuentes (y alternativas más habitables)
- Esperar al límite para hablar
→ Probar a nombrar el malestar cuando todavía es pequeño: “Hay algo que empieza a incomodarme y me gustaría hablarlo antes de que se haga bola”. - Hablar solo por mensaje cuando el tema es delicado
→ Proponer voz o cara a cara: “Prefiero que esto lo hablemos en persona o por llamada, me ayuda a entenderte mejor”. - Reprochar en lugar de pedir
→ Convertir el reproche en petición concreta: “¿Podrías avisarme con más tiempo cuando quieras cambiar el plan?”.
Trabajar estas conversaciones en Terapia Gestalt
En sesión no solo pensamos “qué decir”, sino que trabajamos:
- Aquí y ahora: cómo se activa tu cuerpo cuando imaginas la conversación: tensión, ganas de huir, bloqueo.
- El miedo al conflicto y al rechazo: de dónde viene, qué historias trae, y cómo puedes darte hoy el apoyo que antes no tuviste.
- Ensayos seguros: practicamos juntos frases, tonos y maneras de decir “esto me dolió” sin culparte ni culpar al otro.
- Cuidar el vínculo sin desaparecer: encontrar ese punto donde puedes expresar lo que necesitas sin dejar de lado la relación.
¿Cuándo puede ayudar pedir acompañamiento?
Si te bloqueas cada vez que intentas hablar de algo importante, si acabas explotando o alejándote en silencio, o si llevas tiempo con la sensación de que “no puedes decir lo que te pasa”, quizá sea momento de no seguir haciéndolo solo/a.
Si te reconoces en lo que has leído y quieres situar tu momento con calma, podemos empezar por una sesión de orientación gratuita de 30 minutos.
Si te reconoces en esto y quieres hablarlo… aquí estoy.
Terapia Gestalt para ansiedad en las relaciones, miedo al conflicto o al rechazo.
Online o presencial (Barcelona y Santa Coloma).

Deja un comentario