Cuando compartís vida, pero sientes que algo se ha ido apagando
¿Te pasa que estáis en el mismo sofá, en la misma casa, pero sientes que estás solo/a por dentro? Quizás habláis del día a día, de trabajo o tareas, pero hace tiempo que no sientes una verdadera cercanía. Hay compañía… pero no contacto.
A veces no hay grandes peleas ni escenas dramáticas. Simplemente una distancia silenciosa que duele: miradas que ya no se cruzan igual, temas que evitáis, gestos de cariño que se han ido espaciando.
Desde la Terapia Gestalt, miramos esta soledad en pareja como una señal de que algo importante necesita ser nombrado. No es que tengas “demasiadas necesidades”: es que tu parte que quiere vínculo ya no se conforma con convivir en automático.
Breve caso: Marta y ese “vacío raro” en el sofá
Marta y Javi llevan años juntos. No discuten mucho; de hecho, se llevan “bastante bien”. Pero hace tiempo que Marta siente un hueco: ya casi no hablan de cómo están, las caricias se han vuelto esporádicas y el móvil o las series ocupan más espacio y apenas lo hay para que se encuentren sus miradas.
Cuando intenta sacar el tema, Javi responde: “No pasa nada, solo estamos cansados… es normal con los años”. Ella se queda con la sensación de que exagera, pero por dentro cada vez se siente más sola.
En sesión, Marta empieza por algo sencillo: poner palabras a ese “vacío raro” sin atacarse ni atacar a Javi. Descubre que no quiere una relación perfecta, sino un lugar donde pueda sentirse de nuevo vista, escuchada y elegida.
¿Qué entendemos por soledad en pareja (mirada Gestalt)?
No hablamos solo de vivir en casas separadas por dentro. La soledad en pareja aparece cuando, estando cerca en lo externo, falta encuentro real:
- no hay espacio para hablar de lo que duele o preocupa;
- los gestos de cariño se reducen a la rutina;
- se evita el conflicto a costa de no decir lo que de verdad importa;
- cada uno gestiona sus emociones en solitario.
Desde Gestalt lo miramos como un contacto empobrecido: hay convivencia, pero poca presencia. No se trata de buscar “intensidad constante”, sino de recuperar momentos de verdad compartida, por pequeños que sean.
Cómo se nota en el día a día
- Tenéis muchas conversaciones prácticas (agenda, compras, trabajo), pero pocas sobre cómo estáis por dentro.
- Sientes que te cuesta contarle cosas importantes por miedo a no sentirte escuchado/a o a “no molestar”.
- Te sorprendes fantaseando con cómo sería estar con alguien que sí te mirara y te preguntara de verdad.
- Te sientes más acompañado/a con amistades o familia que en tu propia relación.
- Hay temas que evitáis porque temes que abran conflicto, así que los dejas pasar… y el hueco crece.
- Notas el cuerpo pesado al pensar en hablar de la relación, como si no hubiera espacio para eso.
¿De dónde puede venir esta distancia?
La soledad en pareja no aparece de un día para otro. Suele ser el resultado de pequeñas renuncias silenciosas acumuladas:
- Evitar conflictos necesarios: tragar lo que molesta “para no liar más las cosas”.
- Cansancio y automatismo: el ritmo de vida, la crianza o el trabajo ocupan todo el espacio.
- Contratos invisibles: “mejor no decir nada”, “no quiero ser una carga”, “no debo necesitar tanto”.
- Heridas antiguas: miedo al rechazo o al abandono si muestras lo que de verdad sientes.
No es culpa de una sola persona. Pero sí es importante reconocer que la relación se resiente cuando las necesidades emocionales quedan fuera de la ecuación.
5 pasos pequeños para empezar a acercarte (también a ti)
No se trata de forzar “charlas profundas” cada día, sino de introducir diferencias pequeñas que abran un poco de espacio a la verdad.
1. Escuchar tu soledad sin juzgarla
Antes de hablar con la otra persona, empieza por ti. Pon nombre a lo que sientes: “hay tristeza”, “hay sensación de no ser visto/a”, “hay distancia”. Reconocerlo ya es una forma de no dejarte solo/a.
2. Un momento de presencia al día
Elige un momento concreto (por ejemplo, la cena o un paseo corto) para intentar estar un poco más presente: móvil lejos, mirada que se levanta, una pregunta que vaya más allá del “qué tal el día”. Aunque dure cinco minutos.
3. Frase puente en lugar de acusación
En vez de “nunca estás” o “ya no te importa nada”, prueba con algo más situado en ti: “Echo de menos que hablemos de cómo estamos, no solo de tareas” o “A veces me siento lejos de ti y me gustaría poder contártelo”.
4. Nombrar lo que sí hay
A veces la soledad se alivia un poco cuando reconoces también lo que sí funciona: “valoro que estemos en esto juntos”, “agradezco que te ocupes de…”. No para conformarte, sino para que la conversación no sea solo una lista de faltas.
5. Cuidar espacios propios
Recuperar actividades, amistades o intereses que son solo tuyos no es rendirse con la relación. Es una forma de no poner todo tu mundo emocional en una única persona y de reforzar tu propio centro.
Frases que pueden abrir conversación sin atacar
- “Hay algo que me cuesta decirte, pero tiene que ver con cómo me siento en la relación, ¿podemos buscar un momento para hablarlo?”
- “A veces, estando contigo, me siento lejos. No es fácil decirlo, pero me gustaría que lo pudiéramos mirar juntos.”
- “Me doy cuenta de que evitamos algunos temas y luego me quedo con un nudo. Me ayudaría encontrar un espacio para eso.”
- “No busco echar culpas, sino entender qué nos está pasando.”
¿Cómo lo trabajamos en sesión Gestalt?
En Terapia Gestalt no hablamos solo “sobre” la soledad en pareja; la traemos al aquí y ahora:
- Cuerpo y emoción: atendemos cómo se siente esa soledad en tu cuerpo (peso, vacío, tensión) y qué necesitas realmente.
- Escena viva: trabajamos con escenas concretas (un silencio en el sofá, una conversación pendiente) para que puedas ponerles voz.
- Contratos invisibles: exploramos las ideas que te hacen callar (“no debo molestar”, “no tengo derecho a pedir”) y buscamos formas más habitables.
- Autoapoyo relacional: fortalecer tu capacidad de expresar lo que necesitas sin atacarte ni atacar al otro.
Si lo deseas, podemos empezar por una sesión de orientación gratuita de 30 minutos, donde situamos tu momento y vemos si este acompañamiento puede ayudarte.
Cuándo puede ayudar pedir acompañamiento
Si hace tiempo sientes que estás “en pareja pero en soledad”, si te cuesta encontrar el momento o las palabras para hablar de esto, o si notas que la distancia va aumentando aunque no haya grandes conflictos, quizá sea buen momento para pedir ayuda.
Si además esto se mezcla con ansiedad en las relaciones o con la tendencia a evitar el conflicto, podemos mirarlo juntas/os con más calma.
Si te reconoces en esto y quieres hablarlo… aquí estoy.
Terapia Gestalt para ansiedad en las relaciones, miedo al conflicto o al rechazo.
Online o presencial (Barcelona y Santa Coloma).

Deja un comentario