Mujer expresandose con mobil en mano

Necesitar caer bien… aunque por dentro te estés perdiendo

¿Te pasa que dices que sí casi sin pensarlo, que te adaptas a lo que el otro necesita y solo más tarde te das cuenta de que te has dejado a ti en último lugar? Tal vez te cuesta decir “no”, marcar un límite o mostrar desacuerdo por miedo a que se enfaden, se alejen o piensen que eres egoísta.

A eso se le llama people-pleasing: vivir pendiente de agradar. Desde la Terapia Gestalt lo entendemos como una forma de supervivencia relacional que tuvo sentido en su momento, pero que hoy puede dejarte exhaustx y lejos de ti.

Breve caso: Irene y el miedo a caer mal

Irene es “la que siempre está”: escucha a sus amigas, se queda horas extra en el trabajo, dice que sí a casi todas las propuestas de su pareja. Por fuera parece muy disponible; por dentro, cada vez está más cansada.

Cuando intenta decir que no, le entra un nudo en el estómago y acaba cediendo: “da igual, si total no me cuesta tanto…”. Luego, en casa, se reprocha: “no sé poner límites, soy una exagerada, tendría que poder con todo”.

En sesión, Irene se da cuenta de que no quiere dejar de cuidar a los demás, pero sí necesita dejar de desaparecer cada vez que alguien le pide algo. Aprender a respetarse sin dejar de ser cariñosa.

¿Qué es el people-pleasing desde la mirada Gestalt?

No es simplemente ser amable. El people-pleasing aparece cuando para sostener el vínculo te adaptas de forma sistemática, incluso cuando va en contra de ti. En Gestalt hablamos de confluencia: te fundes con el otro y pierdes tus bordes (tus límites, tu ritmo, tus necesidades).

No es un “defecto de carácter”, ni significa que seas débil. Es un ajuste creativo: una estrategia que un día te ayudó a pertenecer, a evitar el conflicto o a no sentir rechazo. El problema es que, con los años, esa estrategia se vuelve rígida y te deja sin espacio propio.

Cómo se nota en el día a día

  • Dices que sí cuando por dentro quieres decir no (planes, favores, trabajo extra).
  • Te cuesta mucho tolerar que alguien esté molesto contigo; haces lo posible por “arreglarlo”.
  • Te adaptas al plan, al restaurante, al ritmo… y casi nunca propones tú.
  • Te disculpas por todo: “perdona, es una tontería”, “igual estoy exagerando”.
  • Te sientes responsable del ambiente: si alguien está serio, buscas qué hacer para que se sienta mejor.
  • Cuando por fin explotas, luego te invade la culpa y te prometes “volver a ser como antes”.

¿De dónde viene esta necesidad de agradar?

El people-pleasing no nace de la nada. Suele tener raíces profundas en nuestras primeras relaciones:

  • Amor condicionado: cariño que dependía de que fueras “buena persona”, “responsable” o “tranquila”.
  • Ambientes tensos: familias donde el conflicto daba miedo y la mejor forma de estar a salvo era no molestar.
  • Mensajes implícitos: “no seas egoísta”, “no des problemas”, “piensa en los demás”.

Desde ahí, muchas personas firman “contratos invisibles” del tipo:

  • “Si cuido de todos, nadie me dejará.”
  • “Si no doy problemas, me querrán.”
  • “Si digo que no, soy mala persona.”

El cuerpo aprende que poner límites es peligroso. Por eso hoy, en tus relaciones actuales, la incomodidad de decir “no” se siente tan grande.

5 pasos pequeños para empezar a dejar de agradar sin dejar de cuidar

No se trata de convertirte en alguien frío o distante. Se trata de incluirte a ti en la ecuación.

1. Pausa antes del sí automático

Cuando te pidan algo, prueba a no responder al momento. Tres segundos ya son un cambio. Puedes decir: “Déjame que lo piense y te digo luego”. Ese margen te permite escucharte antes de lanzarte a agradar.

2. Preguntarte: “¿Qué quiero yo?”

Parece obvio, pero muchas personas en people-pleasing ni se lo plantean. Antes de responder, pregúntate: “¿Qué quiero yo de verdad aquí?”. Aunque al principio no lo sepas, solo el gesto de mirar hacia dentro ya empieza a mover algo.

3. Empezar por un “no” pequeño

No hace falta que empieces por el tema más grande. Elige un contexto de menor riesgo (una quedada, un favor pequeño) y prueba a decir: “Esta vez no puedo” o “Hoy me viene mejor descansar”. Observa que el mundo no se cae.

4. Nombrar tu intención

Para algunas personas ayuda aclarar que tu límite no es falta de cariño: “Te quiero y me importas; precisamente por eso necesito cuidarme también yo”. Así separas el afecto del límite.

5. Registrar la experiencia

Después de haber puesto un límite, anota en una línea: qué pasó → qué dijiste → qué sentiste después. Ver por escrito que no te has quedado solo/a, que no te han dejado de querer o que has podido sostener la incomodidad, refuerza tu autoapoyo.

Frases que pueden ayudarte a poner límites sin culpa

  • “Hoy no me va bien, ¿te parece si lo dejamos para otro día?”
  • “Ahora mismo no puedo con esto, puedo ayudarte con esto otro más adelante.”
  • “Necesito pensarlo antes de decirte que sí.”
  • “Te escucho y me importa, pero ahora mismo también necesito cuidar de mí.”
  • “Quiero estar, pero desde un lugar donde no me pierda.”

People-pleasing y ansiedad en las relaciones

Vivir así suele ir de la mano de ansiedad en las relaciones: miedo a que el otro se enfade, se aleje o deje de quererte si te muestras tal cual. A veces también se mezcla con evitar el conflicto y con autoexigencia: te pides hacerlo todo perfecto para no decepcionar.

Por eso, no es raro que, aunque desde fuera parezcas “muy disponible”, por dentro sientas cansancio, frustración e incluso resentimiento acumulado.

¿Cómo lo trabajamos en Terapia Gestalt?

En sesión, no vamos a forzarte a poner límites de golpe. Trabajamos paso a paso, desde tu ritmo:

  • Aquí-y-ahora: notamos qué pasa en tu cuerpo cuando imaginas decir que no (nudo, presión, miedo) y le damos espacio.
  • Escenas concretas: traemos situaciones reales (una petición, un mensaje, una discusión) y exploramos cómo sería responder sin abandonarte.
  • Contratos invisibles: miramos qué ideas sostienen tu people-pleasing (“no debo molestar”, “si digo que no, me dejarán”) y buscamos otras más habitables.
  • Autoapoyo: cultivamos una voz interna menos castigadora que te permita probar cosas nuevas sin machacarte después.

Si lo deseas, podemos empezar por una sesión de orientación gratuita de 30 minutos para situar tu momento y ver si este tipo de acompañamiento puede ayudarte.

Cuándo puede ser buen momento para pedir ayuda

Quizá sea buen momento para buscar apoyo si sientes que:

  • estás siempre disponible para los demás, pero casi nunca para ti;
  • te cuesta poner límites incluso cuando estás agotado/a;
  • te da miedo que alguien se enfade contigo o se aleje si dices lo que piensas;
  • vives con la sensación de que, haga lo que haga, nunca es suficiente.

Si te reconoces en esto y quieres hablarlo… aquí estoy.

Terapia Gestalt para ansiedad en las relaciones, miedo al conflicto o al rechazo.
Online o presencial (Barcelona y Santa Coloma).

Deja un comentario